Lo bueno del día del amigo es que es una excusa copada para decidirse a juntarse y pasar un buen rato. Lo malo: todo lo demás.
Primero está la que dice ¿Chicas no juntamos?, inocentemente. Después, la debacle.
Hasta que te pones de acuerdo, alguna seguro se ofende. Una quiere
pizza y otra quiere “comer bien”.
Una prefiere que le quede más cerca y otra que quede en una zona más
chic, o más cerca del segundo plan.
Una prefiere que salga más barato el menú, otra prefiere que hagan buenos tragos.
Una prefiere que sea al medio día, otra a la tarde y otra a la noche. Y hasta puede haber complicaciones con la fecha.
Una prefiere que sea más tarde y otra un rato más temprano.
Una que sea a comer y otra a bailar (seguro yo no).
Una seguro que prefiere que alguna no venga y otra que si no vienen todas se enfurece. También está la que se engrana si no puede ir porque ya se comprometió con otro grupo.
Una que se enoja porque le llenan la casilla, otra porque no la copiaron.
Una que confirma una semana antes y una que cancela en el momento.
Y por su puesto cualquier ítem trae aparejado una crisis existencial. Una diferencia de horarios, por ejemplo, puede llevar a un razonamiento del tipo “Al final siempre hace lo mismo. Es una egoísta”.
Un problema logístico te puede llevar al tan temido “Claro, ella porque después sale con sus otras amigas”.
Un cambio de menú acarrea un “Nadie me tiene en cuenta”.
Y por supuesto, para el 19 de julio ya no sabes cuál de ellas es tu peor enemiga. Las mujeres somos así: complicadas, arpías y resentidas. Siempre queremos tener razón y que sea cerca de casa, a cenar y barato; o a bailar, en un lugar copado y cerca del novio. No hay punto intermedio. El día del amigo puede convertirse en la Franja de Gaza.
Nunca tenemos en claro por qué nos juntamos por el día del amigo, hasta que estamos seguras de por qué no nos queremos juntar o quién no queremos que venga.
Al final te replant

eas qué es la amistad, la vida y la libertad, y estás casi lista para una revolución o una revelación.
Y he aquí la mía. El 20 de julio me hace acordar a esos almanaques de almacén que tienen la
fotito del
chanchito, el
patito, el pollito y el
gatito y dicen alguna frase cursi. Dios los crea y ellos se amontonan.